miércoles 16 de noviembre de 2011

Herencias

Me llevó por todas las estancias. Apoyaba su mano izquierda en mi hombro izquierdo y me susurraba al oído que mi antepasada, mi bisabuela, había vivido una doble vida entre aquellas paredes.

La vivienda no parecía una vivienda sino un espacio multidimensional: paredes altísimas como las de las catedrales dejaban entrever el cielo en sus alturas; los suelos, irregulares, hacían senderos, caminos, carreteras y asfaltos para llegar a las diversas dependencias; ventanas y ventanucos por doquier hacían pensar en escamas de peces arquitectónicos, configurando un ambiente subacuático pero sin agua.

Mi anfitriona me desplazaba casi en volandas repitiendo como un mantra: una vida paralela, una vida paralela, una vida paralela. Yo, absolutamente sorprendida, abstraída, por aquel extraño paseo, boquiabierta, me dejaba arrastrar sin oposción alguna.

Llegamos a una sala descomunal, iluminada por miles de puntitos de luz adosados a las paredes, reflejos dorados de no sé que tipo de luz líquida y cálida. Alcé los ojos a las alturas y vislumbré a lo lejos pájaros exóticos en vuelos acrobáticos.

En medio de la sala, una cama con dosel. Y debajo de ella un cofre.

Hasta allí me llevó. Me arrodilló con delicadeza, juntas extrajimos el cofre y lo depositamos sobre la cama. Susurró unas palabras ininteligibles para mí pero efectivas para el cofre que se abrió sin resistencias pudiendo así contemplar el interior: sobre su fondo rojo aterciopelado cientos, miles, de fotografías que permanecían guardadas me fueron entregadas. En ellas, los rostros de todas mis antepasadas. Todas y cada una de las mujeres que me han precedido desde hoy hasta el inicio de los tiempos. Todas las mujeres y sus hermanas: mi madre, mi abuela, mi bisabuela, mis tías, mis tías abuelas... Todas, absolutamente todas.

Cuando recuperé el aliento comprendí que me entregaba aquel tesoro para que, a mi vez, lo atesorara. Y lo descifrara. Para que conociera y narrara la historia de cada una de ellas y, a través de ellas, encontrara mi herencia.

Entre aquellas extrañas paredes, hace más de cien años, mi bisabuela, que había vivido en ella una doble vida, había comenzado a narrar la historia de las mujeres que le habían precedido. Ahora parece que me toca a mí.

17 comentarios:

Marcela dijo...

la genealogía de las mujeres es fundamental para la historia de la humanidad y ha sido la gran olvidada. Precioso relato de recuperación de genealogías y preciosa escritura.

Kika Fumero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kika Fumero dijo...

Suscribo una a una las palabras de Marcela. Y me quedo con muchísimas ganas de que nos descubras a esas mujeres. Un beso!

Jam lo intenta dijo...

Como dice Kika, esperamos...

Glora dijo...

Acabo de darme cuenta de cuánto echaba de menos estos relatos tuyos! Cuenta... cuenta!!
Besitos

Luchida dijo...

Oh, está bien conocer a las antepasadas... Interesante historia la que pintas por aquí :)

Yur dijo...

Hoy mi abuela, a la que echo de menos en muchas ocasiones y no solo porque nos hacíamos compañía muchas veces, haría 100 años. Hoy no puedo hablar con mi madre de mi abuela porque en su mente se ha instalado un velo, una cortina tupida como las que seguro hubo en esas estancias de las que hablas y ... No tengo a nadie que me coja del hombro y me lleve hasta ese cofre. Ahora quiero prepararlo yo a mis sobrinas, que son las hijas que no tuve.
Disfruta, disfruta todo lo que puedas. Una voz anónima, la mía, lo disfruta también contigo....

rosscanaria dijo...

Pues ya sabes lo que te toca... transmitir la herencia Morgana,
Besitos de lindo fin de semana mi niña.

sor ella dijo...

Ya tienes parte del trabajo hecho, el que te dejó tu bisabuela. Ahora tendrás que comprobarlo todo y seguir investigando sobre lo que aún queda oculto en la historia. Dobles vidas... dobles vidas... vidas llenas. Qué bonito post!!!! Quiero más!

M. dijo...

Qué bueno...es muy sugerente.
Un abrazo desde Barcelona.

Anónimo dijo...

Tu precioso travelling me ha conducido a mis propias herencias.
La de mi abuela fue una entrega a plazos. Durante los veranos. Subíamos al desván y nos abría, a mi prima y a mí, su cofre de madera, en una especie de ritual que se nos hacía muy largo. Era tal la impaciencia! Nos mostraba y nos eplicaba cosas. Algunas las entendimos tarde cuando ya no podía contestar nuestras preguntas. Tantas!
El cofre de mi madre era metálico. Contradictorio. Menos sereno.
El mío es de cartón, una caja de Ikea! Voy a cambiarlo porque ahora me doy cuenta que los grandes tesoros se merecen un reposo mucho más cuidado...

raquel dijo...

Morganita, esto no rula. El anterior comentario sale como anónimo cuando lo he firmado. Tenemos que ver qué pasa.
Un beso y buen finde

Irreverens dijo...

Parece que se te acumula el trabajo, Morganita. :)

¡Y con qué habilidad consigues meternos en otros mundos... paralelos!
;)

Un beso

Morgana dijo...

Marcela: huuuuuy, sí, historias de mujeres... qué atrayente, verdad?? Besos, reguapa.

Kika: huyyyyy, deja tú que tenga tiempo material (este calificativo es, siempre, tan inapropiado...) y verás lo que te cuento, bonita. Te lo contaré todo! jajaajaja. Besos, preciosura!

Jam: Hola Jam! uhmmm de alguna manera las voy narrando poco a poco, en cada relato hay pinceladas de alguna de ellas. Un abrazo!

Gloraaaaa: te echaba de menos. Lo intentaré, belleza. Estoy en ello. Besos!!!

Luchida: gracias por tu visita y por comentar! Un saludo.

Yur: gracias a ti también. Qué interesante lo que ha de guardar tu madre tras ese velo, no te parece?? Un abrazo.

Ross: Uhmmmmm me dejas pensando, Ross. Un abrazo.

Sorella: jajajajaja hermana, yo, lo que necesito, es un año (remunerado) de reclusión en su convento y soy capaz de reescribir las sagradas escrituras, me oyó, las sagradas (y lésbicas) escrituras!! jajajaja Deme asilo, por favor se lo imploro! Besoooooooooooos!!

M: gracias por tu visita. Un saludo!

Anónimo-Raquel: jajajajaja algo debes hacer, guapura, para que no admita tu firma. vale, vale, lo vemos y lo arreglamos. Un besazo!!

Irre: Ay, Irre!! jajajaja (shhhhh: yo quiero una Balcells que me dé cobijo y remuneración por ésto y me dedico solamente a escribir de otras vivencias. Se lo pido este año a los Reyes Magos, ea). Besos, guapa!!!

Mármara dijo...

Tengo que te lo decir, Morganita: ye to ponese. Así que, ¡hala! a juntar estos relatos maravillosos y a mandarlos a las editoriales. Seguro, seguro que hay alguna "Balcells" por ahí que sabe apreciarlos en lo que valen. Un potosí.

Ico dijo...

Parece una vivencia onírica, casi irreal...

Irreverens dijo...

Morganita: yo ya te pasé las señas de unos editores muy majos hace un tiempo. ¿Las conservas?
:)
Si no, te las vuelvo a mandar, eh. Que tú vales, niña. Y mucho.