Estiro todo lo que puedo el buen rollo de este fin de semana maravilloso que me supo a pastilla: Saturno vigilante, paté de berenjenas, Famara irrepetible y los azules por todas partes, sobre todo en los ojos...
...por esto me niego a que se me instale el cabreo, la desgana y el desconsuelo.
(Nada, no me pasa nada... mi compañera temporal de curro, que no me da tregua y que saca de mí lo que yo creía que ya no tenía; así que me hablo en voz alta para recordarme cómo quiero estar)
11 comentarios:
Estira, estira, y niégate al mal rollo, que no vale la pena!! Con lo felizona que tú eres!! ;-) Un abrazote, guapa.
P.D.: Una pregunta...le viste el anillo a Saturno?? :-P jaja
Definitivamente la vida en tu isla (de dentro o alrededores) debe ser una maravilla, el ingrediente esencial para obtener paz interior y sonrisas exteriores.
Y aunque aquí no haya tanto azul sino mucho gris, espero con ansia el momento de poder compartir un pedacito de Madrid contigo.
Un abrazo Morganita!!
¿Cómo sería el mundo si pudiéramos vivir la semana con los sentimientos de paz del fin de semana?
Ánimo, guapa y que no te lleven a cambiar el azul por el gris.
Besos
quédate en el azul, que es genial..
Bueno, tú ya lo sabes bien, Morganita: no podemos controlar los acontecimientos pero sí nuestra respuesta a los mismos.
Respira hondo y sigue con tu vida.
:)
jajajajaja... estira... estira los azules hasta que de tanto estirarlos se vuelvan celestes...
Besitos, preciosa!
Pues yo digo que esa compañera petarda, en el sentido peyorativo de la palabra, está ahí para que aprendas algo muy, muy importante para ti, así que, mírala bien y, cuando te toque mucho la moral, pregúntate, chu poins, ¿por qué me afecta tanto ello, oyes?
Y si no te funcionara esta técnica, un par de hostias a la susodicha y, ¡hala!, a otra cosa, mariposa.
jajaja Mármara! siempre tan acertada en tus comentarios.
Pues sí hija, sí, estoy aprendiendo un montón de la muchacha (y ella de mí) tanto, tanto, tanto que al final voy a estar agradecida, fíjate lo que te digo!
Ahora bien que, digo yo, que a aprender podríamos hacerlo también desde la felicidad, no??, jajaja no todo tiene que ser aprendido desde el disgusto, joder! Cuando cambiemos este paradigma, escúchame bien Marmarita, cambiará todo, todo, todo!!
Besos, reguapa!
Morgana, maja, dile a Mármara -desde éste tu blog- que mi inclino ante su sabiduría.
Besos. Lenteja
Tu precioso travelling me ha conducido a mis herencias.
La de mi abuela fue una entrega a plazos. Durante los veranos. Subíamos al desván y nos abría, a mi prima y a mí, su cofre de madera en una especie de ritual que se nos hacía muy largo. Nos mostraba y nos eplicaba cosas, algunas las entendimos tarde cuando ya no podía contestar nuestras preguntas. Tantas!
El cofre de mi madre era metálico. Contradictorio. Menos sereno.
El mío es de cartón, una caja de Ikea! Voy a cambiarlo porque ahora siento que los grandes tesoros se merecen un reposo más cuidado...
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