Estaban los tiempos apacibles, aquellos en los que nada se movía por ausencia de los vientos y donde la luz del día cegaba por completo. Las sobremesas eran larguísimas, insoportables, calurosas -se derretían los chicles pegados en las aceras- y la tardecita iba llegando muy lentamente para refrescar las casas; entonces, los chiquillos nos tirábamos por los suelos, descalzos, medios desnudos, a tomar el fresco. A lo mejor mi madre nos hacía roscas (palomitas) o nos compraba un polo de hielo, de los de limón o de leche, y nosotros, la chiquillería, hacíamos una fiesta con casi nada. Así pasaba septiembre y octubre, el final del verano.
Y luego estaban los otros tiempos, los de los vendavales. Todo el mundo se metía para su casa, a los chiquillos no se les dejaba jugar en las calles. Atrancábamos las ventanas por dentro, con toallas húmedas si traía tierra (calima) y se vivía para dentro, con pocas cosas que hacer. El viento, se colaba por todas partes al menor descuido: entraba en los cuartos y lo alborotaba todo: volaba a los papeles, encrespaba a las cortinas, silbaba a gritos a todas horas, nos enfermaba a todos; todos enfermos de nervios, de insomnio, de cansancio, añorando un poco de tranquilidad o de silencio. Entonces yo leía, profundamente; hipnóticamente atrapada por el texto, me ausentaba; simplemente ensordecía . No escuchaba ni al viento ni a nadie, sólo a mí misma, leyéndome. Así fue como aprendí a leer.
10 comentarios:
mmmm... te imagino perfectamente.
Y, creo, así aprendiste a escribir.
:)
Leer, la forma perfecta de escapar del viento...
Qué gustazo (elevado al cubo) leerte, Morganita linda... hoy tus palabras me ayudaron a olvidar una tormenta...
Un abrazo fortisisísimo!
Pd. ¿Te vienes conmigo a Teror? :)
De pequeña y hasta cuando estudiaba de adolscente me pasaba igual, ponerme a leer o a estudiar era señal de que la chichuahua perderia la nocion del tiempo y de todo la que la rodeaba, ahora añoro leer y estoy buscando el momento exacto para empezar otravez. Me encanto esa descripcion del viento enmarañandolo todo.,...que bueno recordar aquellas cosas!
Escribes bastante bien. Me ha encantado lo que has narrado.
En mi tierra no hay calima, ni nada de todo eso, y tanto en verano como en invierno, leía. Creo que desde que empecé a leer a los cuatro años no ha habido ni un día que no haya leído alguna página de un libro. Jugaba un rato y luego me estiraba a la sombra a leer, leía en la cama, antes de dormir, leía antes de comer y ponía la mesa con libro en mano... bueno, no sigo, que me pongo melancólica de pensar el tiempo que tenía...
La lectura como evasión... Yo también recuerdo abstraerme de todo... que no escuchaba ni cuando se dirigian a mí...
Muy bonito...
Hace tiempo que no leía una cosa tan bonita. ¡Gracias!
Morganita, qué guapo lo que has escrito; maja, qué gusto que hayas vuelto.
hola gatita;
un recuerdo realmente bonito, me ha atrapado por unos segundos en las texturas, los olores y las sensaciones de la infancia..
por cierto, la calima es impresionante en las islas: http://rapidfire.sci.gsfc.nasa.gov/gallery/?2004204-0722/Morocco.A2004204.1350.148.1km.jpg
besos,
Te he visto, y me he visto. Tú escapando del viento, yo, de cinco hermanos pequeños, y de mi madre, y de...¡Qué bien lo escribes!
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